lunes, 30 de marzo de 2015

1873 El pulido e inmaduro alcalde que heredó el sultanato

El año comienza con la noticia de la quiebra del presidente de la Sociedad de Instrucción y Recreo, Feliciano Caubín García, que se suma a la de Manuel González Castellano de dos años atrás, estableciendo el juez en este caso importantes medidas cautelares dada la notoriedad del quebrado «Se prohibe el que nadie haga pagos ni entregas de efectos al quebrado, sino al depositario nombrado D. Pedro Quevedo y Espino, domiciliado en dicha Villa, bajo la pena de no quedar descargados en virtud de dichos pagos y entrega de las obligaciones que tengan pendientes en favor de la masa. Se previene á todas las personas en cuyo poder existan pertenencias del quebrado que hagan manifestación de ellas por notas que entregarán al comisario D. Jorge Rodríguez y Falcon, comerciante de esta Plaza, pena de ser tenido por ocultadores de bienes y cómplises en la quiebra».

En el mismo mes de enero, el ayuntamiento que en el año anterior había acordado la creación de la plaza de beneficencia y remitido su expediente a la Comisión Provincial, recibe la aprobación correspondiente, por lo que procede a la convocatoria de un concurso público.

Una mala noticia tiene el ayuntamiento cuando su nuevo Secretario, José Manuel Pulido que no había cumplido el año de su toma de posesión, renuncia al cargo al aceptar una plaza en Filipinas, aunque meses después se incorporaría como Secretario del Gobernador Civil. De nuevo el ayuntamiento se ve desasistido, con problemas jurídicos derivados del trámite del expediente de aprobación de sus presupuestos. La vuelta con posterioridad de José Manuel Pulido a la isla, permitió que en el mes de julio le pidieran se desplace unos días a la villa de Arucas para que arreglara sus cuentas, cuestión a la que accedió de buen grado.  


La juventud del alcalde Pedro Castellano Ponce, en un ayuntamiento  del tamaño de Arucas, le pesaba mucho pues no era tarea fácil, cuestión que fue rápidamente advertida por la prensa que le dedicaba algunas mofas. Algunos lo comparaban con el veterano alcalde de Las Palmas:

«Siguen las preguntas lógicas.
¿En que se parece el Alcalde de Arúcas al de Las Palmas?
—En que el Ayuntamiento les pide cuentas y ninguno las rinde.
¿Y las calles de Arúcas á las de esta Ciudad? '
—En que están destruidas.
¿Y que diferencia hay entre el republicanismo de ambos Ayuntamientos?
— Que el de las Palmas suprimió los fielatos, y el de Arúcas los está cobrando con sus casillas y demás avisos».

Otro periódico detallaba aún más de su inmadurez relatando de los fallos detectados.

«Continúa el Alcalde de Arúcas dando pruebas de su excelente administración.
En una sesión ordinaria celebrada por aquel Ayuntamiento, aun cuando al joven Alcalde no le gustan sino las extraordinarias, trató de exijírsele el cumplimiento del artículo 147 de la ley municipal vigente que á SS. se le había antojado guardar en los bolsillos, á fin de que, la inversión de los fondos del Ayuntamiento, se acordase por el Ayuntamiento mismo, especialmente los destinados para obras públicas. Mas el bueno del Alcalde, que no le agradan concejales que hayan visto algo de la ley, mudaba de color pasando con afan las manos por sus bigotes, y daba con energía grandes campanillasos de presidencia, en tanto que miraba para otros concejales de aquellos que pronuncian siempre la palabra “amen” á todos sus caprichillos, como que se hallan entregados en cuerpo y alma á sus “federigrafos” deseos.

Pero fue el caso que acostumbrados estos benditos “corderos” á no dar otra respuesta que la de “ordenanza”, encontráronse sin saber á que atenerse y sin poder articular palabra, y ante las sofocacion producida en el ánimo del pulido Alcalde de Arúcas por la actitud de sus oscuros “paniaguados”; hallandose como suele decirse, entre la espada y la pared, al exigirsele el cumplimiento de ese importante artículo de la ley, suspende la sesión y pretestando que iba á comer, toma las de "Villadiego”. Los demás concejales permanecieron en sus puestos sin presidencia hasta que al fin tuvieron que marcharse.

Conste que el pulido Alcalde de Arúcas, es republicano federal».

Habremos de entender que estos relatos sobre el joven alcalde Pedro Castellano Ponce son el resultado de las artimañas electorales de su tío Luis Ponce Ponce, el anterior alcalde, que se las agenció para la elección de su sobrino, y como no, ocultaba con la tinta del “calamar”, su vieja adscripción conservadora apuntándose tanto él como los suyos, a las corrientes imperantes en aquel momento de república federal. Ya había superado su mandato durante “La Gloriosa”, en la que tuvo que hacer el oficio de enfrentarse al párroco obedeciendo órdenes de la Junta Revolucionario, cuando realmente su enfrentamiento lo era por esa animadversión que se tenían curas y frailes por los “votos de pobreza” de los segundos que dejaban en mal lugar las ricas  “congruas” familiares que los primeros disfrutaban. No debemos olvidar que Luis Ponce Ponce  fue monje exclaustrado por la ley de desamortización.



El alcalde pensó ante tanto comentario de la prensa, que lo mejor era que la misma no se distribuyera en la villa, y así de alguna forma organizó esta especial censura: «Uno de nuestros suscritores de la villa de Arúcas, D. León Padrón, se nos ha quejado dé no recibir nuestro periódico desde hace mucho tiempo; y como le contestásemos que el motivo de no remitírselo es porque  varios números se nos devolvió en distintas y sucesivas ocasiones desde Arúcas, con las palabras “no lo quiere” en la misma faja, el Sr. Padrón se indignó, manifestándonos no haber intervenido en ello, y suplicándosenos se lo enviásemos nuevamente … Esto prueba lo que en nuestro número anterior dijimos respecto de manejos con los periódicos en la Villa de Arucas».

Parce que no acababan ahí los manejos políticos, pues en las elecciones a la Comisión Provincial de septiembre, resultó elegido en representación de Arucas nuevamente el veterano Ignacio Díaz, pero a los pocos días el periódico “La Federación”, órgano del Partido Republicano, añadía «cuya acta se halla poco menos que invalidada».

No debe extrañar que conocer del mandato en la alcaldía de Pedro Castellano Ponce y de las cuentas municipales se hace muy difícil, por la ausencia de Secretario, por los faltantes que en el siguiente año se anotarán, y más aún por sus reiteradas ausencias de las sesiones plenarias, de las que tampoco se sabe si el primer Teniente Alcalde le sustituyó o prefirió también ausentarse por los problemas que se estaban fraguando y de los que no quería asumir responsabilidades. Todo un enigma de la historia, que entendemos guarda relación con esa sucesión tan particular que en el “Sultanato de Arucas” se dio en 1872. Más aún cuando por los cambios políticos a nivel del Estado y que se proyectan en las islas, desaparecen muchos periódicos y nacen otros de distinta ideología.

Amadeo I que desde el primer día de su reinado tuvo que superar la muerte del General Juan Prim, vivió desde ese momento la inestabilidad política española producida por el fraccionamiento de la coalición de gobierno, además de un intento de asesinato en julio de 1872 y el inicio de la tercera guerra de los carlistas y los eternos conflictos en Cuba. El 11 de febrero de 1873, como vino se fue despidiéndose del congreso de Diputados por escrito. Congreso y Senado por escrito le agradecieron sus servicios.

La renuncia de Amadeo I en la práctica dejaba sin validez la Constitución de 1869. Las Cortes sometieron a votación la proclamación de una república, la cual fue aprobada ese mismo mes, siendo elegido para presidir el ejecutivo Estanislao Figueras, republicano federal de gran prestigio  que dará inicio a la Primera República Española. Celebradas elecciones, en las Cortes Constituyentes de junio de 1873 es proclamada la República Federal (de cantones) sin aprobación de una constitución, renunciando  Estanislao Figueras a sus poderes ante las divergencias entre "intransigentes, centristas y moderados" que no se ponían de acuerdo en nada. Se sucedieron tres presidentes del gobierno del Partido Republicano Federal: Francisco Pi y Margall (centrista), Nicolás Salmerón Alonso (moderado) y Emilio Castelar Ripoll (moderado).

Emilio Castelar trató de sustentar su mandato con la colaboración de los partidos liberales que mantuvieron la monarquía de Amadeo I, el Partido Constitucional y el Partido Radical, pero tuvo la fuerte oposición de los “centristas” de Pi y Margall y de los “moderados” de Nicolás Salmerón, oposición que fue a más cuando nombró al general Manuel Pavía Rodríguez como Capitán General de Castilla la Nueva, de quien tenían serias dudas en cuanto a su obediencia a la República. Pero quizás la circunstancia que más enemigos le dispensó fue el nombramiento de tres arzobispos, hecho que venía a demostrar que mantenía negociaciones con a Santa Sede, contrario a la separación del Estado y la Iglesia que los republicanos proclamaban.

La autorización a los gobernadores de suspender los periódicos y la sustitución de representantes en diputaciones y ayuntamientos para colocar a “conservadores”, terminaría por espolear a los “centristas” de Pi y Margall, a los que se sumarían en una votación de la Diputación Permanente de las Cortes los “moderados” de Nicolás Salmerón y en contra de la propuesta de Castelar de celebrar elecciones. Muchas alternativas se plantearon de una y otra parte en esos últimos días de diciembre, en que el Presidente de la República tuvo noticias de que el general Pavía estaba preparando un golpe para apoyarle en la suspensión de las Cortes. Todo quedaba a la espera de que se abrieran las Cortes en enero.



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