miércoles, 25 de marzo de 2015

1868 Suspensión de los remates de aguas, el repique por "La Gloriosa" y el derribo de la ermita

A principios de enero tomó posesión la nueva Junta Directiva de la Sociedad de Instrucción y Recreo de la Villa de Arucas, , y cuyos restantes miembros eran políticos locales de ambos Partidos Viejo y Nuevo, y algún que otro no correligionario de ninguno, figurando como presidente, Feliciano Caubín; vice-presidente, Antonio González González; tesorero, Manuel Guerra; contador, Pantaleón Díaz; bibliotecario, Joaquín Moreno; presidente de instrucción, Juan de Dios Martin; id de socorro, Isidro Torres; secretarios, Pedro Castellano Ponce y Manuel González Martin, y a Vicente Cabrera Lemus lo encontramos como presidente de recreo.

Habría que añadir que en este tiempo en la villa sólo había una sola banda, en la que se incorporaron miembros de las dos anteriores, hecho que fue lamentado por la prensa pues la competencia entre ambas había aumentado su prestigio.

«La Villa de Arúcas, por desgracia, es hoy uno de los pueblos que se hallan en el último caso, sin que haya razón que justifique tan punible indiferentismo. Una población que tuvo dos bandas establecidas rivalizando cada una en deseos de superar á la otra; que sus muchos elementos y grandes recursos son cada dia mayores, no puede disculpar en manera alguna la imperdonable falta que comete, dejando que continúe por mas tiempo la decadencia que se ha notado en las funciones de Sta. Lucia y año nuevo. Lo mismo su municipio que el vecindario tienen el deber de utilizar para tan ventajoso objeto cuantos medios estan á su alcance, a fin de que no desaparezcan ni sean perdidos del todo los adelantos obtenidos ni los sacrificios hechos en otras épocas; con esto darán una prueba mas de su patriotismo y civilización».

Andaba algo despistado el periodista, pues al margen de la noble competencia entre las bandas, la existencia de dos se debió a la división de los políticos locales en dos bandos locales enfrentados, hecho nada deseable dentro de una pequeña comunidad de vecinos.

Y no es que las diferencias desaparecieran, pues a ambos bandos les unían los intereses compartidos cuando tenían que enfrentarse a otros que padecían los abusos de poder, y así denunciaban en un remitido en los primeros días de marzo en el periódico “El País”, cuyo extenso texto reproducimos en su integridad por su notable interés para la historia local al tratarse de un auténtico manifiesto reclamando la unión de aquellos que permanecían ausentes de la política e intereses económicos de la villa, que irá señalando nuevos movimientos ideológicos y sociales:

«Es incalificable cuanto pasando en esta villa. Incalíficable, porque cualquiera apreciación que se intentara dar á lo qué presenciando estamos, se quedaria con mucho muy atrás, la que merece en sí el asunto ó asuntos que tanto preocupan hoy los ánimos de los vecinos.

Pasó ya el tiempo en que este pueblo, desconociendo sus verdaderos intereses, ciego obedecía al capricho de uno que otro rico propietario, que, erigiéndose, como suele acontecer, en su protector, no pretendia más que satisfacer sus miras y velar por su bolsillo, para hablar sin embozo, cuando lo menos que le llevaba al bien que aparentaba, era el amor a la prosperidad y fomento del pueblo en cuyo ídolo quería levantarse.
Grupo de hombres de Arucas (Fedac)
Corrieron esos tiempos; y hoy, gracias al trabajo y laboriosidad de sus hijos, hoy que la propiedad se halla casi en su totalidad distribuída entre los mismos, hoy, en fin, que deja de ser un pueblo de colonos, para ser dueño, no puede, ni quiere por más tiempo permanecer silencioso y mudo espectador dé las escenas que ante su vista, con general desaprobación, se vienen  representando. Tal la del remate de aguas particulares que públicamente se tolera en esta villa.

LA Heredad de aguas conociendo los gravísimos perjuicios que no solo se irrogabán á sus miembros, si que tambien á la clase pobre, no heredera de las mismas, con el remate que diariamente se verificaba en su casa de reparto, y en cuyo acto reinaba, á todas luces, la más vil envidia y la más completa inmoralidad, acuerda, en junta general, la supresión del expresado remate.

¿Y cómo no había de suprimirlo, cuando tiempos habia que se estaba palpando el desatino?; Los hijos de Árucas que leyeran estas líneas, no necesitan pruebas de ello; á los que no lo son básteles saber que ningún particular que tuviese aguas en venta, hacía propuesta alguna, mientras no sonara la escándalosa campana del remate.

¿Y qué sucedía entonces? Que los mismos vendedores, por sí ó por medio de otros, ahora por satisfacer rencores particulares, bien por hacer valer sus aguas, licitaban en el público remate, hasta subirlas á una cantidad fabulosa, desmedida, ó de sus odios, para hacerlas tragar en alto precio a su rival, que á todo trance las necesitaba para sus frutos que se perdían, ó de sus ambiciones, para tomar por típo de venta, al precio á que en el mismo remate las habian llevado.

La Heredad, dije, no desconociendo estos y otros males, suprime la subasta de sus aguas, y las distribuye equitativamente entre sus miembros, por una módica renta pagadera á fines de cada año. Hoy, pues, el que tiene agua que vender se acerca particularmente al que las necesita, y el precio convencional ha sustituido al forzoso de remate

¿Pero se ha remediado acaso por completo el mal? ¡Ojala y que nuestra pluma nunca tuviera más que prodigar merecidos elogios! Entonces, si, que nos veríamos obligados á censurar el abuso que se está tolerando, de permitir se expongan en subasta algunas aguas particulares.

Evitábámos un mal, y se nos quiere hacer caer en otro. De aquí es, que, siempre el vendedor, está á la escucha de las del precio de ese remate particular, para que le sirva de tipo á la venta de las del dia venidero.

¿Es esto unir su voto á los sufragios de todo un pueblo, que con justísima razón rechaza un mal, cuando se le tiende un lazo para caer en otro mal semejante?

¿Es esto velar también por sus intereses? Se invocará, no lo dude, el libre y útil dominio que la naturaleza y las leyes dan á cada cual para disponer al antojo de su propiedad. No desconocemos tales principios en el círculo de la justicia y dé la moral. Pero de ellos, a lo que está sucediendo va inmensa distancia.

¿Quién, entonces, no reprobaría la conducta del labrador, que, conduciendo sus frutos al mercado, para obtener el precio que exigiera sus desmedida avaricia, los expusiera en pública licitación? ¿Qué autoridad permitiría semejante abuso? Sin inmiscuirnos en el terreno del jurisconsulto, y si es ó no legal, la permisión de una subasta que tantos males ocasiona, solo podemos asegurar, que el hombre que se precia de amante del bien y prosperidad de un pueblo, que, ó por su posición social ó por los intereses que representa, no coopera á alcanzar el fin bueno a que la comunidad aspira, ese hombre, ni es, tal amante de su pueblo, ni menos verdadero representante de él.

¡Afuera desniveladoras consideraciones á extraños! La moral y la justicia no son aceptadoras de personas, porque giran siempre en el inflexible eje de lo bueno, de lo justo. Oigan esto, los que oirlo deban; y entiendan que una máscara no puede llevarse por mucho tiempo, sin que se descubra al personaje. La villa de Arúcas encierra en sí sobrados elementos para hacer frente á particulares exigencias; pero falta la unión; ya lo van conociendo sus habitantes, y las antiguas rencillas de partidos, esas banderías locale$, que á todo conducen, menos al bien, van extinguiéndose. El día en que hayan concluido, renacerá para ella otra época de más prosperidad y adelanto.

Pero no es esto solo. Un triste desengaño ha venido á confirmar la poca estima que se hace á todo un pueblo, con el bien, del que se nos acaba de privar. Presupuesta nuestro Iltre. Ayuntamiento, en años pasados la cantidad de 48.000 reales para conducir á la plaza de San Sebastián de esta villa, por medio de cañería, la tan nombrada agua de la fuente del Hierro; medida cuya necesidad en tanto se hacía sentir, cuanto que en tiempo de invierno, las avenidas no sólo initulizan la única agua que tenemos potable, sino que obligan a quebrarla, para atender á las composiciones y desperfectos qué causan á  nuestra acequia real. Para subvenir, pues, a tal necesidad, nuestro Ayuntamiento pacta con el dueño de la expresada fuente, conducir su agua hasta, poner una llave para el abasto público en la antedicha plaza, cediendo la sobrante en beneficio del mismo dueño, que la utilizaría en sus propiedades colindantes á la misma.

El proyecto no podía ser más acertado; útil para el pueblo y no menos beneficioso para el propietario del agua, puesto que de ese modo podía regar terrenos, antes de sequero. Se procede al estudio del proyecto y se encargan al extranjero los caños para la obra.

Primer desacierto. Para conducir una pequeña cantidad de agua, se pide una cañería sobradamente capaz de otra y otra tanta cantidad; y no es esto solo, sino que además los caños en su mayoría no eran suficientes por sí a contener el líquido. No obstante, se procede á la obra en más de su mitad, hasta poner el agua á la parle opuesta del barranco, qué no menos en invierno, impedía tomar en su nacimiento.

Se hizo el primer ensayo, y todo se convierte en minaderos; apenas llega á salir una exigua parte; pero es el caso, que los 48.000 reales, se han consumido con mezquino resultado.

¿Qué hacer? Se consigna otra no despreciable cantidad para recorrer segunda vez toda la cañería y cubrir todos sus desproporcionados caños con una capa de argamasa; con cuya medida, salvo uno que otro minadero que se corrigió, se consigue hacer salir íntegro el pequeño caudal de agua. Tenemos pues invertida en la obra una respetable cantidad, tan sólo, repetimos, en poco más de su mitad. Pero al menos teníamos el agua en un punto más próximo a la población, accesible en cualquier tiempo á todo el vecindario, y la dábamos por bien gastada. Más la indignación general sube de punto, citando después de tantos sacrificios, de tantos miles de reales invertidos, se recoge y corta el agua á su primitivo nacimiento por orden, que según hemos oido, diera su antiguo dueño.
Detalle de tubería con pérdida de aguas (Fedac)
Ignoramos las causas que hayan motivado tan bronca medida, burlando de tal forma el respeto que se debe á un público, bajo cualquier concepto y sus sacrificios. Pero cualesquiera que fuesen, nos parece muy natural las zanjaran aquellos que debieran, antes de privar al vecindario de un bien al que ya se ha hecho acreedor. No hemos visto en qué términos se haya verificado la contrata entre el donador y el Municipio, pues aquí las cosas aunque del público, no son de su dominio. Sólo hemos oído por alto, qué existe una cláusula obligatoria á nuestro Ayuntamiento, de concluir la obra hasta conducir el agua á la expresada plaza.

Supongo, en favor del mismo, qué no se haya prefijado tiempo que trascurrido, irritara al contrato. En esta hipótesis, ¿podría ya el dueño recoger sus aguas?. Repetimos, no es nuestro ánimo ventilar cuestiones de derecho. Lo que sí podemos afirmar, basados en la misma razón natural, sobre la que descansa el derecho, que el dueño de dicha agua, si creía perjudicados sus intereses, (acaso en alguna mezquindad), podía y debía obligar al Ayuntamiento al exacto cumplimiento del contrato, sin antes tomar medida tan dura, y salvar de ese modo el respeto debido á todo un pueblo; como asimismo el Ayuntamiento, por su parte, en prueba de su desvelo por los intereses que le han confiado y representa, antes de permitir tal medida, acudir debía á otros medios salvadores, y no dejar infructuoso un sacrificio, una obra, en la que se ha invertido más de lo que debiera, si las cosas se pesaran y consultaran debidamente, antes de darles principio.

Excogiste, pues nuestra Municipalidad ese medio salvador acuda, si necesario fuere, á la generosidad de estos vecinos, y haga en obsequio de su pueblo, que no continuemos privados del bien, que lamentamos perdido».

Imaginamos que este acontecer con la traída del agua de abasto al alcalde Bruno González Castellano, no terminaba por agradar, tanto por la fuerte inversión realizada que nació con problemas técnicos de cálculo y que le supondría serios litigios con el donante Alfonso Gourié Álvarez-Conde, cuyas relaciones eran algo distantes de los propios conflictos fronterizos de las tierras adquiridas por ambos al Mayorazgo de Arucas, y en aquellos otros bienes que se vieron obligados a compartir la titularidad por ser proindivisos.

Y ello acontece cuando se ve en la obligación de proteger las producciones alimentarias locales que tributan al ayuntamiento, en especial panaderos y tahonas, dado que el gran aumento de la población por la cochinilla causó un efecto llamada para panaderos y otros buhoneros de la isla, quienes se acercaban un día y otro para vender sus productos haciendo competencia a los de la villa. Por esta causa se publicó por el ayuntamiento una norma de poner precio al pan, maíz y demás artículos alimenticios, medida que se puso en práctica el viernes 23 de marzo, y alejar de aquel mercado los vendedores forasteros que hacían la concurrencia.
  
La subasta de la obra del matadero-despacho de carne fue adjudicada al maestro de obras de la villa Rafael Henríquez Marrero, consisten en  tres dependencias dispuestas en dos estancias, en la mayor se situaba el establo y el matadero, y en la otra el despacho de carnes, con dos arcos de medio punto de piedra de la villa, ventanas adinteladas de piedra y huecos recercados, y los paramentos de mampostería. También el suelo era de piedra para cumplir con las normas sanitarias, por las que había sido denunciado el despacho anterior.
Antiguo despacho-carnicería-matadero antes de su  actual rehabilitación  (Patrimonio Municipal)
En junio el párroco, al margen de tener autorizada la parroquia su colegio privado, vuelve a imponer su criterio de que la escuela público no de clase a los niños el día primero por ser fiesta de guardar, segundo día de la Pascua de Pentecostés, alarmando de nuevo a los padres por sus intromisiones en la instrucción pública. Pero la mayor preocupación ciudadana está en la problemática por la no matriculación de niños dada la limitación del espacio,  por no haberse ejecutado el ensanchamiento aprobado por el ayuntamiento del salón destinado a la escuela pública. Tal demora parece venía motivado por alguna “iluminada idea” de construcción surgida de algún político local que soñaba con la promoción urbana de la plaza de la parroquia o de san Juan: «No ignoramos los proyectos concebidos de desprenderse del local destinado hoy á la escuela, para permutarlo por otra casa en la plaza de la parroquia, con objeto de construir en esta un edificio que contenga las casas de Ayuntamiento, cárcel y escuela, cuyo pensamiento es á todas luces absurdo, por no decir otra cosa. El local en que recibe la instrucción la niñez y se le forma el corazón, es preciso que esté completamente aislado é independiente de todo sitio en que se custodien personas que se hallan expiando las faltas y debilidades cometidas, consecuencia de sus vicios ó poca educación».

La  gran noticia para celebración del párroco José Antonio Rivero Mireles en las fiestas patronales no lo fue su función religiosa, ni su procesión. Lo fue la confirmación de que Vicente Lemus Cabrera ya no dirigía la banda de música, sin que trascendiera lo fue por aburrimiento propio o por decisión de las fuerzas fácticas locales. Lo que sí trascendió es que  «En ella se hace notar el considerable atraso que se nota en la banda de música, desde que dejó su dirección el joven D. Vicente de Lemus». Imaginamos que la retomaría el organista de la parroquia o algún ferviente de la grey del párroco que supiera entonar el “Pange lingua” de santo Tomás de Aquino.

Cuando llegan a la isla las noticias de la Revolución en los primeros días de octubre, los acontecimientos vividos en Arucas son contados así en las crónicas: «A final del verano corrió la noticia de que en Madrid había sucedido un cataclismo político, ocasionando la caída de la Reina Isabel II. Un atrevido que quisiera celebrar los acontecimientos repicando las campanas y el sacristán se negara a entregarle las llaves para abrir la puerta de la torre, penetro por una de las ventanas inferiores y echó las campanas al vuelo de forma alborotada durante todo el tiempo que lo tuvo por conveniente.

El Sr. Beneficiado ausente a aquella hora por asuntos de su ministerio, al llegar a la casa parroquial y enterarse de lo que acababa de suceder, cogió un grueso bastón y estuvo largo rato paseando -esperando- en el embaldosado exterior del templo... Pero como en toda Arucas era bien conocida la bondad y también las energías del buen párroco, creyeron oportuno ¡por razones de prudencia! dejar quietas las campanas en la torre y... agazaparse donde no les diera el sol, al saberse que no había sucedido en Madrid la trapatiesta que ellos, anticipadamente habían saboreado».

Otra más dice así: «El día en que se dió el grito en Las Palmas contra Isabel II, el Párroco de Arucas, Don José Antonio Rivero, sufrió algunos atropellos por algunos desalmados, hijos espúreos de la iglesia y de un Pueblo, cuyo mayor timbre de gloria era sus cristianos sentimientos. El cabecilla revolucionario principal fue Don Vicente Lemus Cabrera, quien viendo que el Cura se negaba a entregar la llave de la torre y a repicar las campanas, después de dar varios gritos de muerte contra el Párroco, a lo que el Pueblo no ayudó, trajo una escalera y escalando la torre se apoderó, con escándalo, de las campanas, repicándolas por mucho tiempo.

Por entonces, la Villa de Arucas, que amaba de corazón a su Párroco, con excepción de algunos que nunca faltan, sabiendo que se le había quitado al Clero sus rentas para vivir, subvencionó con creces al Sr. Rivero, pagándole la renta mientras duró el período revolucionario».

Para situarnos en el lugar cómo se cocían entonces las políticas locales, conozcamos que ya a principios de año al “espúreo” revolucionario Vicente Cabrera Lemus lo encontramos como presidente de recreo en la Junta Directiva de la Sociedad de Instrucción y Recreo de la Villa de Arucas, integrada por muchos políticos locales del Partido Viejo y del Nuevo, y que sus diferencias con el párroco lo fueron porque este último, José Antonio Rivero Mireles, tenía preferencias porque el director de la banda fuera el organista de la parroquia. 

Parece que entraban en las competencias del presidente de recreo tocar las campanas para así acreditar que los conservadores de siempre se sumaban a La Gloriosa. Tendríamos que avanzar once años en las crónicas posteriores para verlo en 1879 como promotor de la nueva banda de música vinculada al Liceo. En cualquier caso, los ánimos del párroco José Antonio Rivero Mireles siempre estarían a favor de la reina que le otorgó su Beneficiado económico que ahora peligraba, y en contra de todos los "espúreos" revolucionarios.

Aunque la alcaldía había sido de nuevo ganada por Bruno González Castellano, las nuevas disposiciones del gobierno provisional exigieron el nombramiento de todos sus cargos por la Junta de Gobierno el 7 de octubre, prácticamente rotaron en sus puestos, muchos presentes en la Junta Directiva de la Sociedad de Instrucción y Recreo, con la gran ausencia y única salvedad del anterior alcalde que no dudamos podría venir también condicionada por los cambios experimentados en su situación familiar, sin poner en duda los conflictos que se le plantearon con la traída del agua de la Fuente del Hierro y sus defectos de ejecución que tanto le quitarían el sueño.

En los días anteriores había caído una fuerte granizada que volvió a cebarse con la cosecha de cochinilla «Las últimas lluvias han causado daños de consideración en las vegas de la villa de Arúcas. La granizada que cayó el 28 del pasado en aquella jurisdicción, derribó más de la tercera parte de la cochinilla que se hallaba en el nopal».

Así en octubre, el alcalde 1º es de nuevo Luis Ponce Ponce y el resto de la corporación lo forman: Antonio González y González  (alcalde 2º), Miguel Suárez Ponce (síndico) y los concejales Blas Castellano Lorenzo, Juan Batista Castellano Marrero, Pedro Castellano Ponce, Cleto Granado Afonso, Justo Hernández Hernández, José María Marrero, Domingo Marrero Guerra, Rafael Ponce Armas, Juan Ponce Marrero, Francisco Ponce Martínez, Ricardo Suárez Marrero, Isidro Suárez Ponce y Manuel del Toro Sánchez. Por derecho constitucional el alcalde asumirá  también la Presidencia de la Heredad de Aguas.  La Junta Revolucionaria de Las Palmas fue presidida por el médico aruquense Manuel González González, cuya presencia en la misma pudo haber sido determinante en el nombramiento de la corporación.

Puede apreciarse que están todos de nuevo, en esta ocasión todos se suman a las corrientes imperantes en el Estado al margen de las procedencias de cada uno, donde aparecen los de siempre y se incorporan hijos, en algún caso junto a sus padres, o los nuevos parientes o amigos. Así tenemos a Juan Ponce Marrero y a su hijo Rafael Ponce Armas del local Partido Nuevo y sus correligionarios Miguel Suárez Ponce; Francisco Ponce Martínez hijo del conocido Antonio J. Ponce Ponce y sobrino del alcalde Luis Ponce Ponce del local Partido Viejo con sus correligionarios Juan Batista Castellano Marrero y su hijo Pedro Castellano Ponce, de quienes hemos de apuntar que son cuñado y sobrino de los hermanos Ponce Ponce, y también hijo y nieto del alcalde  Pedro Castellano González (1814), así como Blas Castellano Lorenzo, regidor durante los mandatos de los hermanos Ponce Ponce;  así como nuevos nombres, en su gran mayoría todos los que se comprometieron en la pre-financiación de la carretera del Norte hasta Arucas.

En la primera sesión del 11 de octubre, se sigue el trámite del proyecto iniciado en 1855 y avanzado en 1864, para la construcción de un edificio sede para el ayuntamiento, adoptándose el acuerdo de solicitar autorización para la demolición de la ermita de san Sebastián, en el que se dice el estado de abandono y ruina de la misma:

«Acto seguido y teniendo en consideración la Municipalidad lo conveniente y útil que será al vecindario que representa, el que se ensanche la plaza donde hoy se encuentra situada la Ermita que denominan de San Sebastián, derribando ésta, que de ningún modo se utiliza al presente, ni ha utilizado hace mucho tiempo, en los objetos destinados al Culto. Acordó, se acuda inmediatamente a la Junta Superior de Gobierno de Gran Canaria, pidiendo se digne autoriza a este Cuerpo para que, desde luego, pueda poner en ejecución el derribo de la indicada Ermita, por convenir así a los intereses materiales de la población, toda vez que la expresada Ermita se encuentra enclavada en la que hoy sirve de plaza de mercado».

Imagen de san Sebastián
(Richardr en Flickr)
El mantenimiento de la ermita correspondía al desaparecido Mayorazgo de Cerón por el acuerdo suscrito con el Obispado, quien se desentendió de tal obligación sin que conste queja alguna por la parroquia. Tras la división del Mayorazgo y la venta de sus bienes como ya se ha dicho, la propiedad correspondía a Alfonso Gourié Álvarez-Conde y Bruno González Castellano, este último alcalde cuando se encargó el proyecto del nuevo edificio del ayuntamiento a Pedro Maffiote. Conocedor de toda esta historia, cuando el párroco José Antonio Rivero Mireles tiene noticias del acuerdo de demolición de la ermita, lo que manifestó a los parroquianos es que todo era culpa de La Gloriosa, y de sus representantes en Arucas que personalizó en el alcalde Luis Ponce Ponce, con el que ya había tenido sus más y sus menos desde muchos años atrás.

Sorprende además que culpe al alcalde, mandamás del Partido Viejo, el más conservador, que podría representar en Arucas la opción que defendió y firmó el concordato con la Santa Sede en 1851, que dio lugar al reconocimiento del Beneficiado por Isabel II. Tan pronto como el ayuntamiento recibe la autorización de la Junta Superior para el derribo de la ermita, el 18 de octubre se reúne en pleno y toma el acuerdo que dice «considerando que de la pronta ejecución de las obras que han de llevarse a efecto reporta un señalado beneficio al vecindario a que representa, acordó por unanimidad que, desde el dia de mañiana, se dé principio al derribo de la Ermita de San Sebastián, poniendo esta circunstancia desde hoy en conocimiento del Vbie. Párroco de esta Villa, a fin de que, por si, o por persona que delegue y entregando previamente al Sr. Alcalde las llaves de la referida Ermita, se presente con los Señores Concejales comisionados por esta Corooración a hacerse cargo, bajo inventario, de todos los ornamentos y cualesquiera otros objetos que alli se encontrasen destinados al Culto; debiendo los mismos comisionados inspeccionar las trabajos que se ejecuten; cuyos gastos y lo demás que ocurran para asuntos análogos que no están previstos en el presupuesto, se satisfaga del capítulo de imprevistos», haciéndose cargo el párroco en el mismo día de las imágenes de san Sebastian y de san Pedro, las aras de sus altares y unas cruces para entregar las llaves de la ermita.

Otro de los acuerdos adoptados por la municipalidad fue el rescate de la cantera junto a la carnicería, por vencimiento del plazo de la concesión: «… la suspensión de los trabajos en la cantera cercana á la carnicería; medidas que, lejos de merecer censura, son más bien dignas de elogio, atendiendo á las razones que movieron al Ayuntamiento á obrar así, mirando por los intereses del pueblo. En 6 de Mayo de 1866 acordó el Ayuntamiento anterior sacar á pública subasta y por tan solo un año, la explotación de la pequeña cantera á que hace referencia el suelto, rematándola, en 10 de Junio del mismo año D. Pablo Rodríguez Cabrera, por la cantidad de 242 escudos».

Manuel González Castellano uno de los importantes compradores de la otra mitad aproximada del Mayorazgo, no acertó con la elección de sus socios en los nuevos negocios emprendidos. Dos años atrás, el 12 de enero de 1865, había constituido con Antonio Matos Moreno y Marcial Melián Sánchez una compañía mercantil  bajo la razón social de "Melián y C.A." para dedicarse al transporte de personas en diligencias por las carreteras de la isla, que el 26 de septiembre de 1867 se disolvió la compañía por desacuerdos con el tercero de los socios, el conocedor de la actividad. En un nuevo intento de Manuel González Castellano de seguir con las diligencias, constituyó una nueva sociedad  "González y Cia." con Antonio Matos Moreno, hasta que el 28 de marzo de este año, su segundo socio vuelve a separarse al quebrar la nueva sociedad y para centrarse en su actividad de contratista de la carretera del Norte. Ambos tuvieron que comprometerse a pagar a sus acreedores. Su hermano Bruno González Castellano y su padre hicieron frente a la junta de acreedores, avalando la quiebra judicial, adjudicándose el primero los bienes que su hermano había adquirido del Mayorazgo.

Manuel González Castellano, que se había casado con Isabel Díaz y Aguilar, y de cuyo matrimonio nació el 4 de diciembre de 1866 su hijo Francisco González Díaz, que será el escritor conocido como el "Apóstol de los árboles", presumiblemente vendió a su hermano Bruno González Castellano las tierras y aguas adquiridas al Mayorazgo, así como la azada de las Aguas de san Juan que había rematado, concentrando el segundo la mayor cantidad de tierras en Las Hoyas.

En noviembre el Gobernador Civil cesa a cuatro concejales sustituyéndolos por Cleto de Matos, Rafael Suárez González, Juan de Dios Martín Jiménez y Miguel Suárez Ponce, sin que trascendieran las causas de sus ceses que se les supone vinculados al cambio político en el Estado. Ese mismo mes, cuando en Arafo es destituido el párroco por sus continuas intromisiones en la instrucción pública, el párroco de Arucas ve publicada una cariñosa dedicatoria en el periódico “El País”: «Algo de eso pudiera haberse hecho con algún cura de por aquí y de Arúcas también. ¿No es verdad?».

En diciembre para celebrar la Navidad, el periódico “El Progreso de Canarias” se hacía eco del suelto dado por “El País” y lo ampliaba con una soflama: «… el párroco de Arúcas ha repartido una de sendos caponazos á ciertas inocentes criaturas que estaban esperando el que se les distribuyeran las velas para una procesión. Este milagro se une á un sin número que hubieran podido causar graves conflictos en aquel vecindario, si no fuese tan pacífico y honrado. ¡Castigar á unas criaturas por dar señales de respeto y amor á la religión! Solo puede hacerse por quien tenga en poco las consecuencias de actos tan vejatorios. ¡Canario, con el cura de Arúcas!».


Para acabar el año, la noticia del día de los santos Inocentes, la demora en el pago de las expropiaciones para la carretera que ponía en peligro la continuidad de los trabajos, que a pesar de las fuertes lluvias de octubre el puente de Tenoya resistía y estaba a punto de concluirse «El puente sobre el barranco de Tenoya, carretera de 2º Orden de Las Palmas a Guía, va acercándose a su término. Dentro de breves dias quedarán, cerrados los últimos arcos».


Aunque la reina cedió más poder político al parlamento por su propia inmadurez, después puso continuas trabas a la participación de los ciudadanos en asuntos de gobierno, siendo un auténtico fracaso la lucha por las libertades democráticas durante su reinado, favoreciendo que se falsearan las instituciones y se propagara la corrupción electoral. Los cambios políticos vinieron por la intervención de los militares, cambiando gobiernos con pronunciamientos, desde todas las opciones políticas. La reina siempre estuvo mediatizada por sus ministros y por la camarilla religiosa de la corte, en la que estaba su confesor el padre Claret que visitó Arucas en 1848. En 1868 se inició lo que es conocido en la historia como el Sexenio Democrático, que llegará hasta 1874, intentos democratizadores que partiendo de la revolución para la expulsión de la dinastía borbónica, invita al corto reinado de Amadeo I  de Saboya, para concluir con la I República.

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